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“La Franc-Masonería 

y el laicismo en Francia:

Cien años de historia”.

 

CONFERENCIA DEL M.:P.:S.:G.:C.: ALAIN DE KEGHEL 33º ANTE LAS GRANDES LOGIAS Y EL SUPREMO CONSEJO DE LA REPÚBLICA MEXICANA.

 

En ocasión de la celebración del bicentenario del natalicio de don
Benito Juárez. Oaxaca, México a 25 de marzo del 2006 

 

En la ocasión en que se celebra en México el bicentenario del natalicio de don Benito Juárez, resulta oportuno mencionar su figura emblemática de la emancipación del Hombre y de la puesta en práctica en México de los altos valores de nuestra Orden, por lo que considero un gran privilegio que en mi carácter de Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Rito Escocés, Antiguo y Aceptado del Gran Oriente de Francia me pueda dirigir a vosotros aquí mismo, en México. Fue tambien en tiempo de grande emotividad para mi de participar a los celebraciones officiales a Guelatao de Juarez, Oaxaca de marso 21.

He elegido este tema del laicismo para, –teniendo como telón de fondo los avances significativos que en materia de laicismo conquistó Benito Juárez-, que vosotros contempléis la situación que guarda el laicismo en Francia y de la impresión que sobre ese tema tenemos los franc-masones del Gran Oriente de Francia, a cien años de la promulgación de la Ley de 1905, que marcó para nosotros la separación de la Iglesia y el Estado. Sigo dice sin ninguna forma de hostilidad.

Con relación a lo anterior, los franc-masones –tanto franceses como mexicanos- tenemos una historia en común, historia en la que encontramos algunas páginas difíciles –como las que hubo de confrontar nuestro hermano Benito Juárez, así como otras que por mi parte, considero como gloriosas y dignas de cabal mención. Es a través de  ellas, que reconocemos mutuamente nuestra identidad latina que a su vez constituye el eje cultural y referencial más importante. En tanto que nos diferenciamos igualmente en función de nuestra diversa concepción de la Sociedad y también en un número reducido de valores y puntos importantes. Convergencias las hay, como pueden ser, creo yo, aquellas que nos muestran como pueblos que procuran la separación de las esferas del poder público o político, de las de la religión.

Tanto en un caso como en el otro, nuestras sociedades están definitivamente marcadas por la presencia temporal de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Ahora, algo debe haber fallado durante las convulsas revoluciones ocurridas dentro de nuestros respectivos países, a través de las cuales ambos pueblos intentaron establecer un equilibrio fundamental entre estos dos poderes civil y ecclesiastico.

La franc-masonería –tanto la francesa como la mexicana-, han enfrentado todo esto y participado en la evolución de los acontecimientos, remontando un verdadero diluvio. Al respecto, sostengo que, no obstante que las cosas no nos resultaron a pedir de boca, al menos sí se pusieron los cimientos que nos permitirán hacer que resurja la corriente emancipadora de los franc-masones y eso es lo que estamos haciendo en Francia.

Y pasando a la Historia, recordemos que Lutero se alzó en Alemania contra la hegemonía de la Iglesia y su papel de intermediaria entre Dios y los fieles, y tuvo que ser hasta la llegada de Copérnico en el siglo XVII que se pondrían en tela de juicio las teorías que colocaban a la Tierra en el centro del Universo. Estos sacudimientos habrían de convertirse en el origen de los numerosos cuestionamientos que surgirían en las esferas filosóficas y –desde luego- políticas.

Así, casi de improviso, el Hombre quedó colocado en el centro de una esfera creada por un Dios al que Voltaire definía como: “El Gran Relojero”  Voltaire, que era a su vez un franc-masón, complementaba su opinión sobre la divinidad diciendo que era en principio un “Gran Ordenador”, idea que con el tiempo habría de desembocar en el concepto del Gran Arquitecto del Universo, tan conocido para nosotros los franc-masones. No obstante, una etapa que venga a complementar lo anterior está aún por sobrevenir y será liberadora. Será una evolución que conduzca a que la humanidad reconozca y acepte principios de UNIVERSALIDAD basados –por ejemplo- en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, promulgada en 1789, en la que se consagran las ideas surgidas en la Declaración de Filadelfia de 1776.

La Franc-Masonería, heredera del Siglo de las Luces, posee las bases que le proporcionan los grandes principios que dan firmeza y durabilidad a nuestra lucha y que, adicionalmente, señalan la ruta de la modernidad, como son la Razón, la Tolerancia, la Utopía, el Progreso, la Libertad, la Universalidad y la Educación. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que estas bases se inscriben dentro de un contexto cultural que corresponde a la civilización occidental, por lo tanto, habría que definirlas como pertenecientes a  una Europa que sigue dejando su huella en el mundo, a una Europa de cultura helénica y judeo-cristiana.  Lo que caracteriza el desempeño de la masonería son precisamente sus reivindicaciones acerca del cosmopolitismo y de la universalidad, en contraste con una Iglesia Católica  donde aún campean las doctrinas más arcaicas. Sin embargo, no olvidemos que la idea de la universalidad sigue siendo relativa aún en nuestra época.

El concepto de laicismo pudiera decirse que hizo una aparición tardía y no fue sino hasta que apareció en el Diccionario de la Lengua Francesa en su edición de 1871, cuando se hizo la primera referencia literal indicando la separación entre lo privado y lo público en el espacio de la política como un principio intangible situado en medio de ambos conceptos. Para mayor abundamiento, Kant se refiere al laicismo como la invitación a: “Aprender a pensar por sí mismo” y, como puede verse, el principio de La Razón se sigue observando en nuestros rituales hasta la fecha.

Se nos dice: “La Masonería os auxilia a salir del mundo de la Ignorancia, de los Prejuicios y de las Supersticiones, librándoos de la esclavitud y del error (…) así, seréis vosotros los responsables de vuestra propia forma de pensar y de actuar para que no confundáis el punto de unión entre las palabras y las ideas (…) no vayáis más allá del significado de los términos. Es más bien una invitación a la autonomía de la inteligencia”. Es a esto a lo que yo me atrevería a nombrar como el corazón mismo del laicismo.

Me permito ofreceros una definición que me parece que explica muy bien el concepto del laicismo:

“El laicismo es un modo de pensar, un principio, un estado del alma que podría ser considerado como universal. Es un combate contra sí mismo, a favor de la lucidez y de la humildad. Es un combate colectivo para el logro de un nuevo orden en el que la formación o la educación de la humanidad, hecha por ella misma.  En tal virtud, el laicismo es pensado como la liberación del espíritu de toda clase de servidumbres, tanto intelectuales como moralizantes. Es liberarse de una forma de pensar uniformizada en donde se nos enajena sin permitirnos pasar más allá de las rayas o límites que se nos tienen marcados por quienes ambicionan controlarnos. Así, fue durante el año 2005 cuando se nos presentó en Francia la oportunidad de revertir la situación y volver a los combates que la república francesa inició a principios del siglo XX, dentro de un contexto nacional profundamente marcado por la oposición de las fuerzas sociales sobre las que influye la Iglesia Católica, que siguen siendo las más conservadoras desde la época de la Revolución Francesa.

Vista esta realidad, se puede entender que en este balance se observan las tensiones sociales más duraderas, las que se siguen marcando y permanecen hasta el día de hoy en el centro del debate político de Francia. Se podría decir que el asunto del laicismo es consubstancial con la realidad de nosotros los franceses.  Es por esto que, al mismo tiempo, sea un tema que permanece en medio de la polémica, pues se asimila a las ideas de Libertad del Pensamiento, hecho al que se habrán de oponer tozudamente aquellos que jamás aceptarán este principio, menos aún el del ateísmo o la militancia anti-clerical, la irreligiosidad o, en fin, cualquier otra política que pudiera ser considerada como progresista.

Así las cosas, el laicismo es visto por algunos como uno de los más importantes activos  intangibles de la república francesa, en tanto que para otros es asimilado como un verdadero exceso, como un abuso en contra de sus principios conservadores.  Es entonces oportuno hacer un balance al término del año en que se celebra el primer centenario de la Ley de 1905, que vino a marcar la separación de la Iglesia y el Estado, para venir a concluir que ni el Ejecutivo, ni el aparato Legislativo, ni las diversas obediencias masónicas se han mantenido firmes en torno a este tema, para ver que se conservase como fue originalmente proyectado por los legisladores que promulgaron esa Ley. Y, para como de males, La Razón no se mantiene de conformidad con la Ley, pues siendo esta intangible, resulta muy difícil ponerla en práctica.

En tal situación se puede decir que los desafíos de hoy siguen siendo los mismos de ayer pues la Iglesia Católica es la misma y sólo se acomoda a las Leyes de la República en tanto que se ajusten a sus conveniencias. Esto se observa con mayor claridad en el debate entre la Escuela Privada y la Escuela Pública, vuelto a resurgir entre los años de 1983 y 1984.  Véase que de esto han transcurrido apenas 20 años y es fecha que las oposiciones tradicionales siguen estando presentes. Tanto es así, que una parte de la opinión pública califica a la Ley del Ministerio de Educación Nacional y al titular de este puesto, Alain Savary como “Liberticida”. Lo diremos de manera simbólica: Los "versalleses " que son in Francia los oligarcasconservadores ya se encuentran marchando por las calles de París en abierta oposición a un Ministro y a la Ley que rige en el ámbito educativo, destinada a salvaguardar la Educación Pública.

En conclusión, al día de hoy los desafíos que se deben enfrentar han cambiado y la naturaleza de quienes en ellos participan, también. Francia, un poco más que en otros países de la Comunidad Europea, permanece hasta hoy día confrontando la emergencia de una religión: El Islam, luego de una ola migratoria heredada históricamente del reciente pasado colonialista, a la que habría que adicionar la inmigración que tiene motivaciones económicas.

Otro debate ha devenido respecto de los signos externos más ostentosos de esa religiosidad en la esfera pública. Lo que se da todos los días en las escuelas o en las actividades de la función pública que debe regular el poder legislativo.  El rechazo de las personas que practican la religión musulmana hacia los médicos varones para la atención de las mujeres es una muestra de ello, así como la intención de reservar algunas piscinas de los parques públicos para las personas que se identifican con su peculiar manera de pensar. Estos hechos constituyen signos de ruptura con los integrantes de algunos segmentos de la sociedad que se identifican con los extremistas musulmanes. La reciente victoria electoral del Movimiento Hamas en Palestina nos invita a que permanezcamos atentos y vigilantes. Tal aspiración hacia la exclusividad, atenta contra los principios republicanos sobre los que se sustenta el concepto del “Centro de Unión” de nuestra filosofía masónica.

Nuestra vinculación a esta filosofía se demuestra concretamente, día a día dentro de nuestras logias en las que se reúnen –codo con codo- hombres y mujeres de buena voluntad, de origen tan diverso que sólo en una logia y no en otra parte, podrían haberse reunido.

En nuestras logias se conserva un crisol de Valores en los que se ha conformado y estructurado nuestra disciplina intelectual, aprendiendo así a respetar al Hermano que disiente de nuestra opinión. El escritor francés Saint-Exupéry escribió este bello pensamiento: “Si tú eres diferente de mí, permíteme entonces decirte hermano que gracias a eso, me enriqueces…”

Hoy, en este suelo mexicano tan rico en historia y en fuerza, con su herencia de mestizaje, un franc-masón del Gran Oriente de Francia se siente particularmente a sus anchas.  Partimos –vosotros y nosotros- de los mismos valores y compartimos un mismo anhelo: El progreso del Hombre y de la Sociedad.  Porque sabemos que el logro de ello se obtiene al vencer nuestras pasiones y al privilegiar a La Razón. Sabemos muy bien –vosotros y nosotros- que la vía masónica para lograr este objetivo es lenta, larga y llena de trabajos, entre los cuales está la práctica de las virtudes que nuestros venerables ancestros nos legaron.

Nosotros sabemos –como vosotros bien sabéis-  que la Concordia, la Libertad y la elevación de reflexión requieren de un mayor y más generoso esfuerzo.  Es la Tolerancia una de las virtudes que podríamos definir como cardinales para alcanzar un laicismo que pueda ser viable, y todo ello exige de nosotros el abandono valeroso de las certidumbres del ayer, para abrirnos al aprendizaje y a un nuevo debate organizado dentro de nuestras logias, en donde aprendamos que –a la vez que cambiamos-, también es válido tener posturas divergentes y, a pesar de ellas, seguirnos respetando. Es así y no de otra manera como podremos avanzar. 

Todo esto nos lleva a cuestionar si la marcha actual de la masonería  va de acuerdo con un mundo tecnológicamente avanzado, en el que las cosas se miden por los rendimientos, por los resultados y se califican conforme a estándares pre-establecidos, que en nuestro caso serían los valores que tanto amamos y que nos representan, de conformidad con nuestra divisa: “Puesto que se hace, entonces es evidente que se puede.”

Esta divisa es fiel al espíritu caballeresco de nuestra tradición y que constituye la exigencia fundamental de la Orden Masónica.  En un mundo globalizado hemos de encontrar, hermanos míos, la fuerza y el coraje que se requieren para reafirmar nuestros valores universales de Fraternidad y de  Solidaridad con aquellos que no pueden alcanzar la parte de los frutos de una prosperidad mal repartida entre los países del Norte y los del Sur. Este mal reparto se da asimismo en el seno de nuestras sociedades si bien se mide en diversos grados, pero ocurre en todas las latitudes.  Lo que hoy está en juego va mucho más allá que limitarse a aportar nuestro grano de arena o nuestra modesta contribución a la edificación de una sociedad más equitativa y más justa. Se trata de apoyar a una sociedad con valores más duraderos, a la cual los jóvenes de las nuevas generaciones puedan aportar los recursos de sus ideales y esperanzas. Sólo de esta forma, Hermanos míos, nos será posible comprender hoy en día -en toda su magnitud- el eco del llamado que nos hace Benito Juárez.

Su meritorio ejemplo es digno de señalarse y de recordarse en la celebración del bicentenario de su nacimiento y en ello debemos participar todos los franc-masones pues nos brinda la oportunidad de dar un nuevo impulso al legado que Juárez dejó al mundo, a México y a los indígenas de todas partes. Oaxaca, su cuna, debe convertirse, gracias a su legado y a su visión, gracias a su utopía masónica, en un símbolo para el laicismo, para la liberación, para la fraternidad, para la igualdad.  Podremos además, inspirarnos en su herencia y tomar de ella la energía que habrá de traer nuevas esperanzas a quienes luchamos por un Estado Laico, abierto a las generaciones por venir.

¡Que viva Benito Juárez!

¡Que vivan la Fraternidad, la Razón y la Tolerancia!

¡Que viva la amistad entre México y Francia!

¡Que viva la Masonería Universal!

He dicho.

 

ALAIN DE KEGHEL, 33º

Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del R:. E.: A.: y A.: del Gran Oriente de Francia

 

(Traducción libre, hecha por el Prof. Rogelio B Amaral 33º )