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EN EL CORAZON DEL ARTE REAL:

EL REAA

 

Coloquios, libros, ceremonias... Cada cual a su manera, las cinco grandes obediencias han celebrado en el 2004 el bicentenario del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Esto muestra cuanto este rito, el más practicado hoy en nuestro país (Francia) – tomando en cuenta a todas las obediencias – es un elemento estructurante del paisaje masónico francés. Más allá de felices festejos y legítimas celebraciones, este aniversario debe también ser una oportunidad de reflexionar acerca de la identidad de un rito finalmente bastante singular. Tanto más que su éxito en Francia acompaña un éxito mundial. De Finlandia hasta la Patagonia, pasando por la mayoría de las viejas naciones, es hoy día el sistema de altos grados más practicado en el planeta. Esto ha hecho del mismo un instrumento privilegiado al servicio de un valor muy apreciado por los masones: el universalismo. Recordemos que, aparte de Francia y algunas regiones que sufrieron su influencia, el es un sistema exclusivamente de altos grados. Los grados simbólicos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado es una particularidad francesa y, a pesar de tener una etiqueta común, son de un orígen y una naturaleza diferentes a los altos grados. Todo Maestro Masón, cualquiera sea el rito que practica en la masonería azul (es decir en el simbolismo n-d-t), puede legítimamente interesarse a la masonería de Perfección propuesta por el REAA.

 

Si el primer Supremo Consejo del 33° grado fue efectivamente creado en París en los últimos meses de 1804, lo esencial de sus materiales existían en Francia desde al menos mitad del siglo 18°. El sistema que aparece en los Estados Unidos en 1801 y se implanta en París en 1804 es sólo una nueva versión de la vieja masonería de Perfección conocida en Francia a principios de los años 1760. Su recorrido por las Américas se traduce en el agregado de algunos nuevos grados, no los más interesantes, de un texto reglamentario – las “Grandes Constituciones” llamadas “de 1786” - y una sólida estructura jerárquica en la cima del cual reside el “Supremo Consejo”. Con su impresionante escala de treinta altos grados, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado a tomado prestado a muchos de los sistemas escoceses del siglo 18. Es una especie de floración del escocismo del Siglo de las Luces. El ha conservado entonces, hasta este comienzo del vigésimo primer siglo, un gran bagaje de patrimonio simbólico de la Edad de Oro de la Francmasonería.

 

Incluso si las cuestiones históricas son de un otro orden, se ha utilizado muchas veces la historia para tratar de desacreditar el REAA. Sus orígenes serían sospechosos. Sus fundadores habrían sido masones poco recomendables que habrían creado un sistema de vanidades para arrebatarle el dinero a los pobres gentiles hombres burgueses sin títulos de nobleza. El tono general de esta crítica fue paradójicamente dado por Thory en 1815. El autor de las Acta Latomorum atribuía, con bastante poca elegancia, los orígenes del rito “a un judío llamado Stephen Morin”. Si la literatura masónica fue en general hostil a los altos grados, se mostraba no obstante particularmente severa con el REAA. Sin embargo, luego de una treintena de años, la investigación histórica ha hecho grandes progresos y permite tener una idea más exacta – y partiendo más justa – de los inicios de la Masonería de Perfección. Lejos de ser una creación tardía y artificial, los primeros altos grados son contemporáneos de los inicios de la masonería especulativa y mantiene con los fundamentos mismos de la orden unas relaciones bien estrechas.

 

El Rito de Perfección de 25 grados – que es la fuente directa y principal del REAA – es de hecho el sistema de altos grados adoptado por la primera Gran Logia de Francia – la misma que se transformará en el Gran Oriente de Francia en 1773 – a principios de los años 1760. Etienne Morin y sus amigos no eran falsificadores sino dignatarios eminentes de la Orden, legítimamente mandatados por las autoridades masónicas para trabajar y difundir los altos grados. Si uno se atiene al estudio de los documentos - como debe hacerlo todo historiador – desde los archivos no aparece nada que pueda apoyar esta leyenda negra sobre los orígenes dudosos del REAA forjada en el siglo 19°. En cuanto a la idea de que el escocismo sería una manera para los buenos burgueses de adornarse con títulos pomposos, recordemos que tanto en el siglo 18° y hasta los años 1840, algunos de los nombres franceses más ilustres se honraban con los Grados de Caballero Elegido o Príncipe Rosa Cruz. El Conde de Clermont, el Príncipe de Rohan, los Condes de Choiseul o de Saint Simon, para tomar sólo algunos de los firmantes de la “Patente Morin”, el documento fundador del rito, no tenían necesidad de falsos títulos. Su interés por los altos grados releva por supuesto de una lógica diferente, la nobleza de la cual se trata es aquella muy personal de la búsqueda y del ideal; una caballería espiritual que simbolizan esas denominaciones, que, por el resto, deben quedar confinadas en el recinto cerrado de las logias.

 

Muchos, particularmente entre los Francmasones, están desconcertados por los rituales de los altos grados. De hecho, esta manera multiforme y un poco inasequible no nos parece comprensible que si no se la considera como un verdadero ciclo legendario que se constituyó en pleno Siglo de las Luces. Es necesario aprehender estos rituales como las novelas de Caballería del Medioevo. De grado en grado, los Hermanos aprenden secretos nuevos sobre la gesta de Salomón, de Hirám y sus discípulos: los Escoceses. En lo legendario del REAA, los masones habiendo construido y después de generación en generación habiendo protegido el Templo de Salomón, se habrían juntado a la Orden del Templo en la Edad Media, y después, a la caída de esta última, se habrían refugiado en Escocia con los últimos templarios, de donde viene el nombre simbólico de “escocés”.Pero, el Salomón de los masones es un pariente próximo del Rey Arturo. Los escoceses son, en efecto, los guardianes intemporales de la Tradición Primordial. Las leyendas que les son reveladas a los Hermanos, muchas veces bastante alejadas de las fuentes bíblicas, están más preocupadas de las enseñanzas simbólicas y espiritual que de la coherencia histórica y documentada. Algunos verán, bajo una apariencia vetero-testamentaria, la exposición de los grandes arquetipos espirituales que atormenta la psique humana.

 

Maestro Perfecto, Gran Escocés de la Bóveda Sagrada, Caballero de Oriente, Rosa Cruz, Príncipe del Real Secreto, ¿qué esconden verdaderamente estos nombres llenos de promesas?. Es justamente esta heterogeneidad en relación a la modernidad que constituye unos de sus triunfos. A primera vista, nuestros contemporáneos no pueden no ser desconcertados por la naturaleza de los grados escoceses, cuyas raíces están tan fuera de nuestro tiempo. Pero, justamente en una época en pérdida y en búsqueda de referencias, ellos son puntos de anclaje.

 

Apoyándose sobre la experiencia secular de los “iniciados” de los siglos precedentes, nos permiten reencontrar un cimiento y una orientación para afrontar lo trágico del mundo. Cierto, esta postura es esencialmente simbólica, pero se sabe la fuerza del símbolo sobre lo mental. La práctica de los rituales escoceses y la meditación sobre su “corpus” simbólico, hermético y caballeresco, nos permiten escapar un momento a las contingencias de nuestra época y abrir nuestra conciencia a las verdaderas encrucijadas de la condición humana. Así, sustraídos de los condicionamientos del tiempo presente, podemos sacar desde las profundidades del ser una fuerza nueva para, luego, accionar sobre el mundo. Lejos de ser un retorno hacia el pasado, el rechazo a un presente problemático, la práctica de los grados escoceses – a veces hasta en sus arcaísmos – nos permiten sumergirnos nuevamente en las fuentes vivificantes portadoras de futuro.

 

Cuando se deja esta majestuosa vista general sobre el rito para mejor comprender la especificidad de los diferentes grados, no puede uno no sorprenderse de la riqueza del material que propone cada uno de ellos. Del Maestro Secreto al “33”, la práctica sucesiva de los rituales escoceses parecen ser una suerte de paseo por el gran conservatorio de las iniciaciones. Un conservatorio, según la feliz expresión de Jean Pierre Lassalle, es ciertamente un lugar donde se guarda o protege algo, pero también, a la imagen de los conservatorios de música, , un lugar donde se le práctica y hace vivir. Así, a su manera, el REAA propone a sus adeptos emprender un largo viaje que les conducirá al corazón de las grandes tradiciones de la Humanidad.

Del 4° al 16° grado, el rito lo acompañará sobre la ruta sinuosa del Israel del Antiguo Testamento, alrededor del destino de un gran monumento – el Templo de salomón – cuya historia, real o apócrifa, es una imagen de la búsqueda del espíritu y de la apertura a lo trascendente. Más allá de la práctica del grado, el recipendiario será invitado a familiarizarse con el corpus de los textos y de los comentarios, del Pentateuco hasta algunos elementos de la Kabalá. Lejos de ser un encierro en una identidad, se trata de una ventana sobre la tradición, es decir, fundamentalmente, sobre una experiencia humana ... y qué experiencia !

 

Encastrado entre los 17° y 19° grados, los dos neo-testamentarios, el grado de Rosa cruz propone una puesta en situación delante del símbolo fundamental del cristianismo primitivo. El recipendiario tiene la oportunidad de redescubrir una de las visiones del mundo que está en la fuente de nuestra cultura. Es también el lugar para interrogarse sobre los debates apasionados y las posturas que, entre diferentes escuelas – luego descalificadas como heréticas – y la constitución del dogma, agitaron los primeros siglos de nuestra era. Esta verdadera vuelta hacia los cimientos del imaginario puede ser la oportunidad para una manera de psicoanalizar la cuestión del sentido en las sociedades europeas. Por supuesto, hay que repetirlo - a pesar, a veces, de las apariencias ! - no estamos en el dominio de los religioso y de las creencias, sino en el dominio de la iniciación simbólica. Una de las dificultades de la vía iniciática – aunque nadie haya dicho que es una vía fácil – es evitar la confusión de los géneros.

 

De 20° al 30° grado, el Rito Escocés propone diferentes grados qui nos reenvían hacia el ideal caballeresco medieval o al esoterismo del Renacimiento. Nadie sabe verdaderamente como se formaron esos grados en el 18° siglo. Probablemente ellos son la puesta en forma masónica de círculos que existían desde antes bajo la forma de cenáculos de investigación más o menos subterráneos. Así el 28° grado, que responde al bello nombre de Caballero del Sol, invita al candidato a reflexionar sobre la tripartición cuerpo-alma-espíritu y profesa una visión hermética del mundo.

La dimensión caballeresca es uno de los rasgos esenciales del REAA y es de esa dimensión que relevan los últimos grados del sistema. Notablemente el grado cardinal de Caballero Kadosh. Uniendo acción y espiritualidad – en ruptura con la tri-funcionalidad del mundo antiguo caro a nuestro Hermano Dumézil – la vía del Caballero aparece como una ascesis particularmente bien adaptada para afrontar los desafíos del mundo moderno. ¿Esta dimensión caballeresca marca una ruptura con la Masonería Simbólica? De ninguna manera. Es Anderson quien desde 1723, en sus famosas Constituciones opera la primera aproximación entre Caballería y Francmasonería, cuando leemos allí que “serían necesarios varios gruesos volúmenes para contener el gran número de pruebas magníficas sobre la ascendencia que la masonería ha tenido en todos los tiempos [...] Si fuese necesario se podría probar que las Ordenes de Caballería militar & Religiosas, han tomado en el correr del tiempo varios usos o prácticas solemnes de la verdadera Fraternidad”. Con este corto parágrafo, él estableció, en el corazón mismo del texto fundador de la Masonería especulativa, una relación, presentada como cierta entre Masonería y Caballería. Además, a través de esta fórmula que dice poco pero deja entender mucho, él abre la puerta a vastas especulaciones sobre el sujeto. Hasta hoy día, ellas son un fecundo sujeto de meditación.

 

Conservatorio de las iniciaciones antiguas aparecidas en el Siglo de las Luces, de grado en grado, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado invita al masón a rehacer el camino de las grandes tradiciones de la Humanidad. No de manera únicamente intelectual, sino viviéndolo casi íntimamente, gracias a la puesta en práctica del Ritual.

 

Alrededor de la dimensión iniciática, que es estructurante, aproximaciones más didácticas pueden también contribuir a hacer vivir todas las armonías del escocismo. Un nuevo grado conferido puede ser la ocasión para descubrir todo el contexto cultural que acompaña lo legendario a lo cual el ritual hace referencia.

 

La Francmasonería del REAA es ese lugar extraordinario donde, por amor a la Humanidad bajo todas sus formas, se puede a la vez ser racionalista y místico, judío y cristiano, obrero y caballero, levita ... y anticlerical !

 

Se nos permitirá pensar entonces, que es esta una bella vía para una exigente comprensión de la condición humana.

 

 

Por el Ilustre H\ Pierre Mollier, Gran Curador del Museo del Gran Oriente de Francia. Artículo publicado en la revista “La Chaîne d'Union” N° 30 – Setiembre de 2004.Traducción nuestra, no oficial.